viernes, octubre 18, 2019
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La preocupación mundial está centrada en los altos precios de ambas materias primas base para los automóviles eléctricos

La electromovilidad requiere de cobre, litio y cobalto, justo los minerales que Chile posee como minería boutique del planeta. La revolución de los vehículos eléctricos requerirá especialmente de las dos últimas materias primas, que no son tan abundantes en el mundo, salvo en el Congo que produce más de la mitad del cobalto a nivel global, pero que hoy recibe denuncias de esclavitud y explotación de niños. Esto sitúa a Chile en una posición de privilegio, puesto que se reactivó una inversión de este mineral en la zona norte y además las reservas de litio en el Salar de Atacama, que representan el 22% a escala global, son consideradas las de más altas concentraciones.

Mientras el país se prepara para producir estos minerales base de la electromovilidad, el interés económico a nivel mundial se refleja en un aumento dramático por los precios de estos dos productos clave en los últimos 24 meses. Además, tanto el litio como el cobalto no sólo están siendo utilizados en los automóviles eléctricos, sino que también en bicicletas, la electrificación de herramientas y otras aplicaciones intensivas de baterías.

Ante este escenario complejo entre actores de la industria, fabricantes de equipos, empresas de minería e inversionistas financieros, los analistas de McKinsey del Centro de Innovación de Bruselas, Berlín, Nueva Jersey y Tokio, desarrollaron un informe sobre las dinámicas de oferta y demanda del litio y cobalto.

A nivel histórico, tanto los mercados de litio como de cobalto han sido impulsados por la demanda de baterías, principalmente de productos electrónicos de consumo, que representan 40% y 25% de la demanda, respectivamente. La necesidad de baterías para vehículos eléctricos con mayores densidades de energía hará que la demanda de litio aumente más de tres veces entre 2017 y 2025, mientras que la de cobalto se incrementará en un 60% en el mismo período.

De acuerdo al informe de McKinsey, las recientes alzas en los precios del litio y cobalto han aumentado las preocupaciones sobre la disponibilidad del suministro a largo plazo de estos productos básicos y destacan la dinámica desde el punto de vista de la oferta.

Más del 95% del suministro mundial de litio se produce en forma de salmueras o minerales de roca dura provenientes de Australia, China y América Latina. Por el contrario, hoy menos del 10% del cobalto se produce como producto primario y el resto como subproducto de minas de cobre y níquel, con el 65% de la producción mundial concentrada en el Congo. Esto significa una alta preocupación mundial por la falta de transparencia en la cadena de valor y riesgo país.

Consideraciones para los actores
Los actores de la industria deberán adaptarse a la velocidad de adopción de la electromovilidad en el mundo, con un cambio sustancial en la química de las actuales baterías. Sus respuestas estratégicas dependerán de la dinámica futura de la oferta y demanda, la evolución de la tecnología, los precios y los mecanismos de gestión de riesgos.

Entre las grandes consideraciones surgen las empresas mineras, que deberán demostrar que pueden proporcionar las materias primas requeridas para los usuarios finales. De acuerdo al informe, los mineros necesitan convertirse en “codiciosos de largo plazo”, colaborando con proveedores de baterías, fabricantes de automóviles y agentes financieros para crear un mercado más grande para sus materiales. Esto sugiere formar asociaciones con los fabricantes de baterías y con actores financieros para acceder a costos competitivos, además de apoyar a productores y usuarios a cubrir el riesgo de los precios.

Para el caso específico de los fabricantes de baterías y automotrices, estos necesitarán desarrollar estrategias de abastecimiento para garantizar un suministro estable de litio y cobalto, donde éste último representa el desafío más apremiante. El punto clave, que afectaría un posible buen mercado para Chile, es que los investigadores están empeñados en utilizar menos cobalto en futuras baterías, cambiando claramente las tecnologías hacia el uso del grafeno, zinc y aire. Su mirada es asociarse con mineras y fundiciones para lograr transparencia y trazabilidad del material a lo largo de la cadena de valor, desde la mina hasta la batería instalada en el automóvil.

Por su parte, los agentes financieros también tendrán un rol que desempeñar en la evolución de la industria, primero en el financiamiento de materiales para los vehículos eléctricos, apoyando a las empresas de baterías a cubrir sus riesgos, y segundo al trabajar con intermediarios globales para aumentar la liquidez del mercado.

Parece ser que los caminos son diversos, pero hoy la revolución de los vehículos eléctricos generó un aumento en la demanda de materiales para las baterías, lo cual hizo subir los precios y una búsqueda incesante para conseguir nuevas fuentes de abastecimiento. Y ahí aparece Chile, que podría insertarse como un buen proveedor de materias primas de minería boutique.

Fuente: Diario Financiero

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