miércoles, octubre 23, 2019
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Los proveedores de automóviles japoneses se preparan para los recortes con la irrupción de los vehículos eléctricos que usan aproximadamente un tercio menos de piezas que el automóvil promedio actual.

Japón se ha caracterizado siempre, por su gran visión comercial. En el mercado de los coches eléctricos han mostrado la misma adaptación: al mismo tiempo que otros países como Reino Unido y Francia, han determinado la eliminación de forma gradual de los motores de combustión interna de sus carreteras. Esto ha provocado que los proveedores se preparen para los recortes si quieren seguir siendo competitivos.

El gobierno de Japón agregó presión el mes pasado con el anuncio de que quiere que los fabricantes dejen de fabricar automóviles convencionales para el 2050. Aunque es una fecha lejana, el mayor mercado automotriz del mundo, China, por su parte, tiene una meta de 1 de cada 5 vehículos con baterías para 2025.

La compañía líder que fabrica partes de motores de la industria japonesa, Tetsuya Kimura, inmersa en un ciclo interminable de reducción de costes, ha sido advertida por su mayor cliente Toyota Motor Corp. La irrupción del uso compartido de eléctricos y vehículos sin conductor resultan innovaciones “preocupantes” para cualquiera cuya vida dependa del motor de combustión.

El principal problema para la industria japonesa, donde se encuentran cientos de proveedores, es que los vehículos eléctricos contarán con sistemas más sencillos y usan aproximadamente un tercio menos de piezas que el automóvil promedio actual. Algunas de las partes que no requieren los eléctricos y dejarían de fabricarse son: bujías, pistones, árboles de levas, bombas de combustible, inyectores y convertidores catalíticos. Esta remodelación supondría una reducción de personal de los 310.000 empleados y un importante impacto para una de las principales industrias de Japón.

Entre los responsables de las fábricas hay preocupación por la evolución de un mercado que cada vez solicita menos componentes. Una industria que apenas ha cambiado y aún opera en algunos casos con maquinaria comprada en 1971. Se trata de una cuestión de evolución y una batalla por desarrollar alternativas que permitan a las empresas suministradoras continuar en la lucha como en todas las tecnologías. El presidente de Jtekt Corp., propiedad parcial de Toyota, Tetsuo Agata, aseguró sentirse preocupado. “No sabemos cómo vamos a lidiar con los nuevos tipos de demanda».

Sin embargo, algunas empresas ya han empezado a ver oportunidades de negocio donde otros ven amenazas. Tetsuya Kimura, ex empleado de Toyota, ha buscado una alternativa que consiste en la creación de una consultora para enseñar a otros fabricantes a adaptarse y optimizar las nuevas tecnologías. Con el nombre iSmart Technologies, sus oficinas comparten espacio con la empresa de producción de componentes aunque en un edificio propio, moderno y futurista.

El principal objetivo de esta nueva idea es lograr que los servicios de consultoría tengan tantos ingresos como la producción de suministros. Una vía para diversificar riesgos y asegurarse un futuro en la era de los nuevos combustibles con energías alternativas. Si los vehículos eléctricos y el viaje compartido realmente despegan, dice Kimura, «muchos de nuestros negocios desaparecerán».

Los posibles efectos de la revolución del eléctrico en Japón auguran un futuro de reconversión y adaptación a los nuevos nichos de mercado. Según un análisis reciente de la industria automovilística de Alemania realizado por el Instituto Fraunhofer de Ingeniería Industrial, si una cuarta parte de todos los vehículos funcionaran con motores eléctricos, el país perdería el 9 por ciento de sus trabajos en el sector automotriz, incluyendo en el cálculo los nuevos puestos de empleo que los eléctricos traerían consigo.

El coche eléctrico supondrá menos piezas y una necesidad de evolución en la industria automovilística, pero también traerá nuevas oportunidades de negocio como el desarrollo del software de control de sus sistemas así como el negocio de recarga. Se trata de alternativas que el mercado debe ir progresivamente añadiendo en el futuro a su oferta comercial y que generarán a su vez, nuevos empleos.

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