miércoles, agosto 21, 2019
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Aún no existe un mecanismo eficaz que solucione qué hacer con ellas después de su ciclo de vida.

La comercialización de automóviles eléctricos en China comenzó en 2009. Actualmente, según cifras de Bloomberg, son el país líder en ventas de este tipo de autos y mantendrán el título hasta 2040.

Sin embargo, el crecimiento de sus ventas ha sido paralelo con el problema ambiental que suponen las baterías para su elaboración y después de su ciclo de vida.

Para la fabricación de las baterías son necesarios metales como el cobalto, níquel, grafito y litio; es aquí donde se encuentra la primera paradoja de los autos eléctricos, ya que la propia extracción de minerales conlleva un impacto negativo en lo ecológico y social.

Por ejemplo, para obtener el litio -cuyas mayores reservas están en Chile, Bolivia y Argentina- se necesita triturar rocas o separar lagos salados, ambos procesos exigen de una gran cantidad de energía y químicos para su purificación.

En el caso del cobalto, sus problemáticas son más bien sociales, puesto que más de la mitad de su suministro proviene de la República Democrática del Congo, cuya inestabilidad política es un punto en contra de la industria.

La otra paradoja ambiental llega cuando cumplen su ciclo de vida: el reciclaje. Aunque es un aspecto discutible, debido a la dificultad que representa, también se ha convertido en una oportunidad para que las empresas se adapten al modelo de negocios, orientado a los servicios, que los autos eléctricos han implantado.

En países como Francia, Bélgica, Alemania o España ya existen empresas que trabajan con el fin de reciclar los metales de las baterías en desuso. No obstante, sus procesos de extracción de metales no buscan la recuperación del litio, al cual consideran un subproducto que no vale la pena rescatar, pues requiere otros métodos más caros y complejos.

Por otro lado, en China también han tomado acciones para solventar este problema. Al ser el mayor vendedor de autos eléctricos existe un notorio compromiso para disminuir la contaminación generada por las baterías que ya no se usan.

Bajo esta premisa han impuesto normas para este sector de la industria, en las cuales los fabricantes de los vehículos también deberán responsabilizarse de la creación de instalaciones para la recolección, tratamiento y reciclado de baterías gastadas.

Otra alternativa benéfica para el ambiente y para los bolsillos de empresas y clientes es la que ha desarrollado la firma británica Aceleron, que apuesta por una tecnología que compruebe si las baterías en realidad ya no son utilizables y, en el caso de que aún lo fuesen, las aprovecha y readapta para que sean usadas de nueva cuenta.

En un inicio, la producción de baterías marcó el precio de los autos eléctricos. Ahora que los costos han bajado, estas enfrentan nuevos problemas relacionados a la ecología. Durante los dos procesos, México no ha sido un participante importante y, tal vez, no sea una desventaja ya que podrá entrar cuando las paradojas del auto eléctrico hayan sido superadas.

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