miércoles, octubre 23, 2019
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Los automóviles sólo generan el 8 por ciento de la emisión mundial total de dióxido de carbono; y si para cargar la batería de un vehículo eléctrico se usa electricidad generada con centrales termoeléctricas a carbón, que son ineficientes, el efecto inmediato será un aumento de las emisiones de CO2 respecto de usar un auto moderno con motor a gasolina o diésel.

Por eso es importante recalcar (como hizo en el Foro de Davos el pasado enero Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía) que el automóvil eléctrico no bastará para evitar un cambio climático catastrófico. Pero la electrificación de los vehículos sigue siendo esencial para la reducción de emisiones. De modo que si a usted le preocupa el clima, el próximo automóvil que compre debería ser eléctrico.

Los motores eléctricos son por definición más eficientes que los de combustión interna: el motor típico a gasolina o diésel desperdicia como calor más del 70 por ciento de la energía que consume, mientras que el motor eléctrico sólo pierde el 5 por ciento y convierte el resto en energía cinética. Y cuando el coste de las baterías caiga a menos de 100 dólares por kilovatio hora -algo que según Bloomberg New Energy Finance (BNEF) sucederá de aquí a 2024-, no sólo será más barato hacer andar un coche eléctrico, sino también comprarlo. De modo que a la larga los vehículos eléctricos prevalecerán -y mucho antes de lo que indican muchos pronósticos- sea que nos importe el clima o no.

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